jueves, 13 de agosto de 2009

Uno de Armando Rojas Guardia:

Así como a veces desearíamos
que Karl Marx y Arthur Rimbaud
se hubiesen conocido en una mesa
de algún Café de Londres,
mientras en el agua sorda del Támesis
-ahíta de grumos aceitosos
que flotan entre botellas y colillas
y ropa gris de gente ahogada-
espera el Barco Ebrio, ya sin anclas,
a que el fantasma que recorra Europa
suba también, para zarpar
(Karl, vestido con blue jeans marineros
se despide de Engels en el muelle
y Tahúr hace lo propio con Verlaine
-los sueños insolentes hasta ahora enfundados
en la gorra que usó él mismo en la Comuna);así como, a estas alturas, quisiéramos
que Hegel, apeado del estrado de su cátedra,
hubiese visitado a Hölderlin un día
en su manicomio oculto de la torre
para escuchar cómo el demente
-sin reconocerlo tal vez en su delirio-
le habla de un viejo amigo de Tubinga
con quien, en mitad de una fiesta adolescente,
bailó una mañana, junto a un árbol
por ellos mismos levantado
(“Libertad”, lo llamarían)
tan fieros y felices como niños orinándose,
con el impudor de los puerros, frente al rey
(en la siesta monocorde del verano,
recordando novias suavísimas de Heidelberg,
los dos compañeros se confiesan:
razón deben pedirle a la locura
su danza irreductible, la inocencia
con que el loco Hiperión, desde su torre,
enseña al profesor de la luz blanca,
la rosa de los vientos del Espíritu,
no termina en el Estado de los Césares,
se burla de las Prusias de los Káiseres);así querría yo hoy que a William Blake
lo hubiesen dejado predicar un solo día
sobre el púlpito labrado de una iglesia
-la catedral de Westminster, por ejemplo-
en presencia de arzobispos y presbíteros
y de una multitud de feligreses
harta, como todas, de sermones.
Imagino el viento sagrado resonando,
por primera vez, junto a los mármoles,
mientras los cuerpos, desnudados por fin
como a la hora del agua o del amor,
se erizan con el paso del Dios vivo
y tiemblan ante el olor de Cristo el Tigre
devorando las ingles de las almas,
ahora tan intactas, tan ebrias y tan vírgenes
como la de aquel niño canoso viendo ángeles
a la hora en que arde Venus sobre Lambeth
y hasta las prostitutas de Soho profetizan.

lunes, 3 de agosto de 2009

La virgen de los sicarios

Un filme estrenado en el año 2000, cuya duración es de 90 minutos. Con la participación de Germán Jaramillo, Anderson Ballesteros (Alexis), Juan David Restrepo y Manuel Busquets.

Esta película es una adaptación hecha del libro homónimo del escritor Fernando Vallejo. Un drama cargado de crítica social. Es una co-producción colombo-francesa de bajo presupuesto, y fue dirigida por Barbet Schroeder. Realizada con cámaras de video de alta definición. En ella se nos narra la historia de un Fernando que llega a Medellín luego de la muerte de Pablo Escobar, después de haber permanecido un tiempo fuera de esta ciudad. La realidad que se encuentra, es la de una población en conflicto violento debido a la lucha entre bandos de sicarios.


Apenas llega Fernando, le presentan a Alexis, un jóven sicario de dieciseis años, con quien inicia una relación sentimental. El chico está siendo perseguido por otras bandas, en vista de ser el último de la suya.

miércoles, 29 de julio de 2009

C.R.A.Z.Y.


Una película canadiense estrenada en el año 2005. En idioma francés y situada en Quebec. Fue dirigida por Jean-Marc Vallée. En ella actúan: Michel Côté, como Gervais Beaulieu, el padre; Marc-André Grondin, como Zachary Beaulieu; Danielle Proulx es Laurianne Beaulieu, la madre; Pierre-Luc Brillant hace el papel de Raymond Beaulieu; Alex Gravel es Antoine Beaulieu; Maxime Tremblay es Christian Beaulieu; Mariloup Wolfe, Brigitte; y Francis Ducharme es Paul.


La película parece dejar dudas en los espectadores, cosa que me perece asombrosa, debido al tratamiento del tema principal. Personas que la han visto me han dicho que no creen que el personaje sea gay. Ese sentimiento, me parece, es generado intencionalmente por el autor.
A pesar de esa confusión, se puede leer claramente como la historia de un muchacho homosexual, Zach quien siente un profundo afecto y admiración por su padre, y que a lo largo de su vida va experimentando el conflicto entre querer agradarle a él (a la misma sociedad) y poder dar forma a las pulsiones de su ser.
El viaje por la vida del personaje es una experiencia realmente maravillosa, comenzando en los años 70, el acompañamiento de vida de Zach es la música, se pasa por Los Rolling Stones, David Bowie, Pink Floid, etc. Y, precisamente, en el gusto de su padre por la música encontramos uno de los símbolos principales, o motores, de la película, un disco de Patsy Cline.