Porfirio Barba Jacob
(Colombia 1883-1942)
Elegía Platónica
Amo a un jóven de insólita pureza,
todo de lumbre cándida investido:
la vida en él un nuevo dios empieza,
y ella en él cobra número y sentido.
Él, en su cotidiano mivimiento
por ámbitos de bruma y nomo y hada,
circunscribe las fámulas del viento
y el oro ufano en la espiga enarcada.
Ora fulgen los lagos por la estría...
Él es paz, en el alba nemorosa.
Es canción en lo cóncavo del día.
Es lucero en el agua tenebrosa...
Elegía del marino ilusorio
Pensando estoy… Mi pensamiento tiene
ya el ritmo, ya el color, ya el ardimiento
de un mar que alumbran fuegos ponentinos.
A la borda del buque van danzando,
ebrios del mar, los jóvenes marinos.
Pensando estoy… Yo, cómo ceñiría
la cabeza encrespada y voluptuosa
de un joven, en la playa deleitosa,
cual besa el mar con sus lenguas el día.
Y cómo de él cautivo, temblando, suspirando,
contra la Muerte
su juventud indómita, tierno, protegería.
Contra la Muerte,
su silueta ilusoria vaga en mi poesía.
Morir… ¿Conque esta carne cerúlea, macerada
en los jugos del mar, suave y ardiente,
será por el dolor acongojada?
Y el ser bello en la tierra encantada,
y el soñar en la noche iluminada,
y la ilusión, de soles diademada,
y el vigor… y el amor… ¿fue nada, nada?
¡Dame tu miel, oh niño de boca perfumada!

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