miércoles, 2 de febrero de 2011

Salvador Novo

(México 1904-1974)


Cronista, poeta, dramaturgo y gastrónomo. Carlos Monsiváis dice que fue un homosexual belicosamente reconocido en épocas de afirmación despiadada del machismo. Con un ingenio literario rápido y pícaro. Hacía uso de una gran capacidad satírica y de un cinismo y descaro memorables, resistió el desprecio y la calumnia ofreciendo a sus lectores un testimonio único de las luchas por crear espacios para la diferencia en un mundo extremadamente reaccionario y pacato. Ligado al grupo de los Contemporáneos, estuvo muy relacionado con las vanguardias europeas. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.





Este perfume


Este perfume intenso de tu carne

no es nada más que el mundo que desplazan y mueven los globos azules de tus ojos

y la tierra y los ríos azules de las venas que aprisionan tus brazos.

Hay todas las redondas naranjas en tu beso de angustia

sacrificado al borde de un huerto en que la vida se suspendió por todos los siglos

de la mía.

Qué remoto era el aire infinito que llenó nuestros pechos.

Te arranqué de la tierra por las raíces ebrias de tus manos

y te he bebido todo, ¡oh fruto perfecto y delicioso!

Ya siempre cuando el sol palpe mi carne

he de sentir el rudo contacto de la tuya

nacida en la frescura de un alba inesperada,

nutrida en la caricia de tus ríos claros y puros como tu abrazo,

vuelta dulce en el viento que en las tardes

viene de las montañas a tu aliento,

madrugada en el sol de tus dieciocho años,

cálida para mí que la esperaba...




Tema de amor


Dentro de estos cuatro muros

pretendí ocultar mi dicha:

Pero el fruto, pero el aire

¿cómo me los guardaría?


Hora mejor que pospuse,

voces que eran para mí,

camino que no elegí

destino que no dispuse;

¡cómo os volvisteis oscuros!

¡qué amargo vuestro sabor

cuando nos encerró mi amor

dentro de estos cuatro muros!


Entre tu aurora y mi ocaso

el Tiempo desaparecía

y era nuestra y era mía

sangre, labio, vino y vaso.


En perdurar se encapricha

mi sombra junto a tu luz

y bajo negro capuz

pretendí ocultar mi dicha.

Pero el fruto, pero el aire,

pero el Tiempo que no fluya,

pero la presencia tuya

fuerte, joven, dulce, grande;

sangre tuya en vena mía,

lazos a instantes maduros,

dentro de estos cuatro muros

¿Cómo me los guardaraía?





Tú, yo mismo


Tú, yo mismo, seco como un viento derrotado

que no pudo sino muy brevemente

sostener en sus brazos una hoja

que arrancó de los árboles...

¿cómo será posible que nada te conmueva

que no haya lluvia que te estruje

ni sol que rinda tu fatiga?


Ser una transparencia sin objeto

sobre los lagos limpios de tus miradas.

¡Oh tempestad, diluvio de hace ya mucho tiempo!

Si desde entonces busco tu imagen

que era solamente mía

si en mis manos estériles ahogué

la última gota de tu sangre, y mi lágrima,

y si fue desde entonces indiferente el mundo,

e infinito el desierto,

y cada nueva noche,

musgo para el recuerdo de tu abrazo,

¿Cómo en el nuevo día tendré sino tu aliento,

sino tus brazos impalpables entre los míos?


Lloro como una madre

que ha reemplazado al hijo único muerto.

Lloro como la tierra que ha sentido dos veces

germinar el fruto perfecto y mismo.

Lloro porque eres tú para mi duelo

y ya te pertenezco en el pasado.




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